Buenos días a todos. Gracias a Nicolás Pino por abrirme las puertas de esta casa una vez más. Quisiera aprovechar la oportunidad para saludar a las autoridades de la Sociedad Rural, a los delegados, directores y miembros del consejo federal que vinieron de todo el país; a la Mesa de Enlace y al G6, a los miembros del gabinete y a todos los empresarios presentes. Perdón si estoy medio descoordinado, pero llegué a las 7 de la mañana, así es que pido perdón si estoy medio descoordinado.
Este año, la Sociedad Rural cumplió sus primeros 160 años y considero que una institución con esa edad tiene algunas cosas para enseñarnos. Desde su nacimiento, en 1866, atravesó crisis, hiperinflaciones y cepos, y llegó hasta acá porque, generación tras generación, hubo gente jugándosela y poniéndole el pecho.
Gente que arriesgó su capital, su esfuerzo y muchas veces incluso sus vidas para salir adelante. El cúmulo de esos esfuerzos dejó una marca imborrable de nuestra gran nación. Por eso, me parece un lugar indicado para intentar hacer una radiografía del empresario argentino. ¿Quién es? ¿Qué le hicieron durante un siglo? ¿Y qué estamos haciendo para que por fin le vaya como se merece?
A comienzos del siglo pasado, existía una frase que hoy suena como ciencia ficción: “rico como un Argentino”. Detrás de esta frase, había personas de carne y hueso que tras trabajar y trabajar habían logrado poner un taller, un almacén o comprar unas hectáreas para trabajar. Personas que tomaron una llanura salvaje y la convirtieron en campos para producir alimentos, en edificios y en miles de pueblos y ciudades. Fueron sin más los artífices de la civilización argentina en donde antes sólo había naturaleza.
Pero después vino el siglo de la decadencia, y esta frase, que fue precisamente la expresión de este esfuerzo civilizatorio, quedó degradada a un chiste. Entre economistas, este derrotero nuestro es famoso y se dice que existen cuatro tipos de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina.
A todos los economistas del mundo les cuesta entender cómo Argentina, teniendo los recursos y el tamaño que tiene, pasó de ser líder de tabla a sobrevivir en la mediocridad. Pasamos de ser el ejemplo a ser la excepción. Pasamos de ser una de las gestas económicas más admiradas del mundo a ser un ejemplo de todo lo que está mal. Es increíble porque hay gente que lo único que hizo fue fracasar en 100 años y ahora vienen a señalar con el dedo lo que hay que hacer, como si se olvidaran de todos los desastres que hicieron en 100 años. Porque pueden cambiar las personas, pero siguen repitiendo el mismo modelo decadente.
La política, yo lo llamaría el partido del Estado, durante mucho tiempo trató de culpar a los empresarios, a los supuestos oligarcas, a los terratenientes. Pero nosotros sabemos que la culpa fue de la propia política, que, en su afán recaudatorio, demonizó al que trabaja y produce para poder meterle más fácilmente la mano en el bolsillo.
Porque no alcanza con tener recursos sino que se necesitan reglas de juego coherentes para hacer que estos florezcan. La prosperidad es el resultado de las instituciones y del libre juego de los individuos, no de una naturaleza previa a la acción humana. Y si algo quedó demostrado en las últimas décadas es que los políticos argentinos no pudieron dar reglas de juego coherentes.
Priorizaron siempre su propia supervivencia y su propio enriquecimiento por sobre la prosperidad de la nación. Borraban con el codo lo que escribían con la mano siempre que les resulta conveniente. Rompieron uno a uno nuestros pactos fundacionales para sacar réditos de corto plazo.
Bueno, ahora lo tienen con que supuestamente hay una proliferación de políticos que defienden el equilibrio fiscal, ¿no? Y los detectan fácil a estos chantas, porque es: «Equilibrio fiscal, sí, pero, sí, pero». Digo, el “sí, pero” es siempre más gasto público y más impuestos, con lo cual ya sabemos que eso es la ruina de la nación.
Nosotros comenzamos a desandar ese largo sendero de errores y para ello retomamos el camino del liberalismo que allá entonces nos hizo grande y, gracias a él, comprendemos la centralidad del empresario en la actividad económica. La centralidad en la creación de riqueza es de los empresarios, no del Estado. El Estado debe fijar las reglas. No debe estorbar.
Muchas veces se confunde la idea de ser empresario con el hecho de administrar una empresa, pero realmente nadie puede enseñarle a otra persona a ser empresario. Israel Kirzner explicó de manera muy clara el rol del empresario: es el que está atento, el que advierte una oportunidad de ganancia donde los demás ven un problema o directamente no ven nada. A eso se le llama función empresarial. El profesor Huerta de Soto mostró que esa función empresarial es el principal motor del progreso porque crea información que antes no existía y coordina millones de personas que no se conocen entre sí.
Para descubrir las oportunidades es la mitad del trabajo, la otra mitad es arriesgarse, poner en juego el propio patrimonio porque nadie tiene la bola de cristal ni sabe de antemano cómo va a salir. Es decir, es una actividad que aparte de inteligencia requiere por sobre todas las cosas coraje, perseverancia y tenacidad.
Esto también es muy interesante porque ahora sucede que simios que debe hacer como 80 años o 90 años repiten las barbaridades keynesianas, digo porque una de las cosas que hay que tener en cuenta es en mi experiencia, es que los economistas hablan de Keynes y no leyeron a Keynes. Hablan de crecimiento y no saben de crecimiento. Es decir suelen manejarse con burdas caricaturas y una de las cosas es un país digamos que tiene tanta base que keynesiana, por eso destrozaron el país como lo destrozaron, y es porque es una mirada de corto plazo.
Entonces, la verdad es que cuando hablan de estos temas de crecimiento y utilizan categorías keynesianas, uno ya se da cuenta de que se trata de alguien de formación muy precaria. Por lo tanto, fíjense, lo pueden notar en el debate actual: esa precariedad.
Hoy Argentina, como gran parte del mundo, está sufriendo un shock de oferta negativo. Es decir, el hecho de que en el estrecho de Ormuz se reduzca la oferta de petróleo hace que el precio del petróleo suba. Eso hace que todo lo que hace a los costos, todo lo que hace a la oferta, al mismo precio se contraiga, por decirlo de alguna manera.
Y esa contracción de oferta…, ustedes lo que tienen que hace que los precios sean más altos y eso hace que, de corto plazo, ese salto en el nivel de precios se manifieste como mayor inflación, lleve a mayores tasas de interés por parte de los bancos centrales y eso contrae la actividad económica. Es decir que ustedes están viviendo un shock de oferta negativo. Bueno, es increíble, pero yo no sé si lo hacen por ignorancia o por deshonestidad intelectual…, nos viven proponiendo compensar ese shock de oferta negativo con un shock de demanda positivo. Eso ni siquiera pasa la prueba de un curso de economía one on one.
Es decir, digamos, quieren que flexibilicemos la política monetaria. Es decir cuando hace casi 12 meses que la base monetaria convergió a la base monetaria amplia y, por ende, no crece la cantidad de dinero y todavía estamos purgando inflación. Por lo tanto eso sería tirarle nafta al fuego o quieren hacer desequilibrio fiscal, digamos miren cómo están las condiciones crediticias en el mundo si quisiéramos ir a buscar financiamiento.
Por lo tanto, digo, yo no sé si lo hacen de vuelta porque son deshonestos intelectualmente y/o ignorantes, o definitivamente quieren que el país se prenda fuego para volver a las andadas que nos volvieron decadentes. Les digo algo: no cuenten conmigo. No hay sustituto para la buena política económica.
Es más, en la tradición neoclásica el rol del empresario es como que es bastante mecánico. Yo entiendo que…, de vuelta, tantos años deformando la cabeza de los economistas con una perspectiva macro keynesiana no les permite ver lo que verdaderamente está detrás del proceso de crecimiento, pero aún bajo el formato neoclásico y cuando tengan una perspectiva ortodoxa también la perspectiva (CORTE DE AUDIO) aún así es incompleta. Ustedes la van a encontrar en los libros de microeconomía o teoría de los precios, como ustedes prefieran, y eso lo que va a hacer es que vean que es muy mecánico el procedimiento que opera detrás de la estructura neoclásica, es como si ustedes tuvieran una computadora, podrían resolver, digamos, el trabajo de un empresario.
Y la verdad si eso fuera cierto, digo, el comunismo hubiera sido exitoso y sin embargo fue un fracaso. Es decir porque se subestiman la función empresarial, la función del empresario, del tipo que va y se la juega en la cancha. Es decir, ustedes saben que yo le puedo pasar todo…miren Michael Jordan no podría describir cómo hacía para volcar el balón. Esto además muestra que tengo unos cuantos años también que les hablo de Michael Jordan y no les hablo de Lebron James o alguien más cercano. Pero al margen de eso, si pudiera volcarlo en una hoja, replicarlo tampoco sería factible, digo, ninguno de nosotros tenemos el talento de Michael Jordan. Digo: el único caso que funcionó de alguien que le hizo una recomendación de cómo hacerlo y funcionó fue el caso de Maradona a Messi. De Maradona a Messi. Digo el resto de los mortales no entramos en esa categoría.
Y si ustedes van a la literatura neoclásica, el crecimiento tiene que ver con el progreso tecnológico, con la… (corte de audio) Que, dicho sea de paso, no sé si se enteraron, pero aparecieron las Pruebas Aprender y hemos mejorado en todas las categorías. Y no solo que hemos mejorado en todas las categorías, sino que, además, las mayores mejoras tuvieron lugar en las provincias que eran las más postergadas. Así es que no solo que estamos mejorando el capital humano, sino que lo estamos haciendo con más fuerza en aquellos lugares donde estábamos más postergados. Así es que estamos bien.
Pero, de nuevo, la estructura neoclásica se queda ahí, y esto es interesante porque cuando ustedes lo ponen en el formato de la Escuela Austríaca, que es un grupo muy chiquitito respecto a la mainstream, básicamente también incorpora el espíritu empresarial. Es decir, porque ustedes podrían tener todas las condiciones para crecer, es más, podrían tener hasta todas las instituciones para poder crecer, pero si ustedes no tienen ese espíritu empresarial…, no funciona. Es decir, acá lo que hay que entender es que los verdaderos héroes de esta hazaña civilizatoria que ha ocurrido desde la Revolución Industrial hasta hoy, y si ustedes me permiten desde la creación de la imprenta de Gutenberg hasta hoy, es fruto de gente con coraje, que va y se la juega.
Por eso, siempre mi máxima admiración a los empresarios, porque son los que verdaderamente cambian el mundo. Así es que, gracias a ustedes por ponerle el hombro a la Argentina.
En definitiva, el empresario empieza con una idea y después lo respalda arriesgando sus ahorros, su patrimonio, su nombre y su reputación. Y se levanta sabiendo que a fin de mes hay que pagar sueldos, proveedores y vaya que esto lo tiene que hacer haya vendido o no. Por eso, a alguien que arriesga lo suyo para resolverle problemas a los demás no le encuentro otro nombre más que héroe. Y la Argentina tiene millones. Y vaya que este auditorio está lleno de héroes que día a día le solucionan el hambre a cientos de millones de personas. Es decir, ustedes alimentan a 500 millones de seres humanos. ¡Vaya número!
Es más, siempre me acuerdo de la primera charla que tuve con Elon Musk, y lo que…, dicho sea de paso, el 20 de noviembre Tesla inaugura en Argentina. ¡Vamos que sí está funcionando!
Y lo que me parece lo más interesante es lo que él me dijo: “Yo me levanto todos los días viendo qué problema le puedo arreglar a la humanidad. Es decir: primero piensa en un mercado de más de 8000 millones de seres humanos y está viendo qué necesita la gente para arreglar problemas. ¿Cómo después no va a ser el tipo más millonario del planeta si el tipo es un proveedor de soluciones? Es más, digamos, yo me acuerdo cuando veíamos “Volver al Futuro” en la 2, el auto volaba. Y yo decía “¡No! Mirá eso” y él lo inventó. Ustedes se dan cuenta.
No había un burócrata haciendo el auto volador. Lo hizo Elon Musk, el empresario…, casi que les diría…, el Tesla de la actualidad o el Edison de la actualidad o el Leonardo Da Vinci de la actualidad, y si me quiero poner mucho más picky, casi que diría que es uno de los griegos geniales que vino al futuro porque la verdad es maravilloso Elon Musk.
Pero el empresario no está solo en un submercado, compite con otros empresarios por la misma clientela y por eso tiene que buscar todo el tiempo la forma de seducir al cliente con mejores productos y servicios a un mejor precio. De esa competencia nace la innovación, y de la innovación nace lo que Schumpeter llamó ‘Destrucción creativa’, un producto que le sirve mejor al cliente reemplaza a otro que puede quedar obsoleto. Dicho sea de paso, el anterior Premio Nobel se lo dieron a tres economistas…, la mitad se la dieron a Mokyr, y la otra mitad se la dieron a Aghion y Howitt, o sea, Philippe Aghion y Peter Howitt, justamente por desarrollar los modelos de crecimiento con destrucción creativa.
Por eso se los denomina neuschumpeterianos y que tuve el privilegio de conocerlo hace no mucho, lo que pasa que ya viajo tanto que ya pierdo la cuenta…, en el último viaje a París donde nos premiaron a ambos como economistas más influyentes del mundo.
Pero, de vuelta, todo el core central está en el emprendedor. Y esto también hay que tenerlo en cuenta, porque el día... A ver, el día que ustedes tienen, que apareció Edison con la lamparita, y los fabricantes de velas muy contentos no estaban. Pero hay algo que es muy interesante, porque si ustedes dejan que el progreso tecnológico fluya, la reasignación de recursos toma lugar y no es traumática. El problema es cuando aparecen los que quieren bloquear el progreso tecnológico.
¿Por qué? Porque entonces se quedan donde estaban, no hacen su trabajo. ¿Y qué pasa? Se va acumulando el progreso tecnológico y ustedes, si tienen tipos que están bloqueando la competencia, negociando con políticos corruptos, subir aranceles y demás, evidentemente, eso lo que hace es que el progreso tecnológico no fluya. Y, obviamente, cuando ustedes quedaron estancados... Imagínense si estuviéramos viviendo con velas, y… tendríamos una vida muy precaria.
Ahora, el día que abrimos a la competencia y nos hacemos de la luz, ¿alguien va a venir a reclamar por el pobre fabricante de velas?
Digo si la calidad de vida nuestra ha mejorado sustancialmente y, no sólo eso, sino que ese fabricante de velas se había sostenido digamos en asociación con un político corrupto que ponía barreras de entrada. Entonces, obviamente uno no puede pretender que el fabricante de velas hable bien del que abrió la economía, ¿no? pero bueno, digamos, de qué le voy a hablar de desastres e injusticia. Digo, si hay un sector que fue injustamente castigado fueron ustedes.
Por un lado, con las retenciones las cuales nosotros hemos ido bajando y que nuestro plan de largo es que desaparezcan.
Pero más allá de eso y toda la serie de reducciones de impuestos que hicimos, que ya llegan a casi cuatro puntos del PBI, algo que no hizo nadie en la historia argentina, es decir, devolverles a los argentinos cuatro puntos del PBI. O sea, con lo cual hicimos el ajuste fiscal bajando el gasto, no subiendo impuestos. Pero lo que me parece más interesante…, muchachos, eliminamos la brecha del 200%, y eso les hacía todavía muchísimo más daño, y yo recuerdo las primeras reuniones…
Donde señalé que en un gobierno liderado por mí, ese problema iba a desaparecer, y vaya que en abril del año pasado, a pesar de que enfrentábamos un proceso electoral y nadie hubiera apostado por levantar el cepo, levantamos el cepo. Y ustedes hoy no tienen que sufrir la brecha. Pero más allá, y volviendo a lo que tiene que ver con la innovación, los empresarios…, también estas cosas…, también sucedió cuando el auto destruyó el negocio del carruaje, la heladera al hielero, y hoy dudo que alguien se anime a decir que un auto haya destruido trabajos que, de hecho, creo que todos podemos coincidir en que preferimos que nuestro país produzca autos a que se produzcan carruajes.
Y menciono esto porque, cuando se habla de innovación, mucha gente piensa en satélites y algoritmos pero la innovación puede caber en cualquier lugar. Incluso, en una cocina de barrio. Digo, ahora voy a un ejemplo más tonto, más básico. Pensemos, por ejemplo, en la primer persona que abrió un local de empanadas en Buenos Aires. No lo hizo obligada por un ministerio, por un burócrata. Le sirvió que había porteños que nunca las habían probado, puso esa capital, armó su cocina, invirtió su tiempo y salió a conquistar clientes. Y a medida que fue creciendo, fue contratando gente para poder dividirse mejor las tareas. Y pongo este ejemplo porque es uno de los mercados más competitivos que existen en el país. Hay prácticamente una casa empanadas por cuadra y aún así siguen apareciendo empanadas novedosas todo el tiempo.
Así trabaja la competencia: obliga a todos a inventar algo mejor para quedarse con el cliente. Así, Argentina se volvió pionera de la siembra directa y en la revolución genética. Y el ejemplo que di de las empanadas también me permite mencionar un dato histórico. Según cuenta Ateneo, en la antigua ciudad griega de Síbaris, hace unos 2.500 años, la ciudad les daba a los cocineros que inventaban un plato el derecho exclusivo de prepararlo durante un año. El primer registro conocido de protección de la propiedad intelectual fue para una receta.Hoy esa protección la da el mercado, que premia a quien sigue innovando. En otros sectores la da la ley, y de eso depende que alguien se anime a invertir años en inventar algo. Así, detrás de cada empresa nueva hay alguien que vive de resolverle un problema a otro, sea el hambre, la falta de tiempo o las ganas de probar algo distinto.
Y en el proceso ganan todos. Gana el cliente, al que le resolvieron un problema; gana el cocinero, que consiguió trabajo; y gana el que proveé los ingredientes. Por eso, me gusta decir que los empresarios son benefactores sociales y es precisamente la competencia que vuelve heroica la tarea del empresario. Cuando el Estado protege mercados o industrias enteras y asegura (ININTELIGIBLE), ese riesgo empresarial desaparece, y lo que antes era virtuoso se vuelve nocivo. La innovación desaparece porque desaparecen los incentivos. El crecimiento se evapora porque el mercado no se expande. Los salarios caen porque hay menos demanda de empleo. Así, el proteccionismo de a poco revela que lo único que protege en el largo plazo es la renta del empresario y el favor político del funcionario que lo asegura.
Y como no podía ser de otra forma, esto genera que la gente se enoje con los empresarios en general, tomando la parte por el todo y, para peor, los políticos confunden adrede a los empresarios genuinos con los prebendarios para ocultar que estos últimos son los socios. Por eso mismo durante décadas se vilipendió a los empresarios genuinos. Le pusieron el traje de Satanás como si fueran un enemigo a desterrar y el dinero, la herramienta de su perversión. Al empresario lo trataron como un criminal que debía ser castigado y a la riqueza que había ganado, honradamente,dijeron que había que redistribuirla en nombre de la justicia social. O sea una linda forma de justificar el robo.
Les pusieron impuestos que ningún competidor del mundo soportaba, les pusieron cepo, cupos, precios máximos y un laberinto de permisos y exigencias incumplibles, mientras el Estado decidía desde su escritorio quién ganaba y quién perdía.
Y una de las herramientas más importantes que tiene el empresario para poder cumplir su función es mirar los precios. El sistema de precios es el vehículo, el proceso de descubrimiento: indica dónde falta algo y dónde sobra. Continuando con el ejemplo del alimento, si mañana se le descubren nuevas propiedades al maíz y todos salen a comprar maíz y su precio sube, los productores encuentran un incentivo para producir maíz en mayor cantidad, haciendo que se reacomode su oferta y su precio encuentre un nuevo equilibrio.
Pero para que esa señal sirva, el precio tiene que ser verdadero sin distorsiones de ningún tipo como la inflación o los controles de precios. No es casualidad que, cuando aparecen estas distorsiones, empieza a haber faltante de producto. Esto sucede porque se desincentiva la producción. El viaje me está pasando factura.
Por eso, lo primero que hicimos fue consolidar el equilibrio fiscal para dejar de emitir, dejamos que el sistema de precios pueda funcionar correctamente y permitimos una correcta asignación de recursos en nuestra economía. Así, la inflación anual pasó de ser del 211% anual —en rigor, cuando nosotros llegamos iba al 1,5% diario— a encontrarse hoy en torno al 30%. A su vez, esto nos permitió bajar impuestos por cuatro puntos del PBI. Y siempre aparece alguien que dice «Yo quiero superávit, pero…».
Pero sin tocar la obra, pero sin tocar mi sector, pero sin tocar el subsidio a mi amigo. Detrás de cada pero hay un gasto que alguien quiere conservar. Y el superávit en un país que viene de ser un infierno tributario solo se puede construir bajando el gasto y aumentando la recaudación por el aumento de productividad. Los que dicen «Quiero superávit, pero…» lo que en realidad están diciendo es que quieren déficit.
El superávit no es solo esfuerzo económico, sino también esfuerzo político. Y los que quieren prometer el paraíso para llegar al poder nunca van a poder sostener el superávit.
Lo segundo que hicimos para cambiar la Argentina fue sacar obstáculos. Ya llevamos eliminadas más de 18.000 regulaciones y trabas que asfixian a los empresarios y no los dejaban desplegar todo su potencial. Además, aprobamos la modernización laboral, en inocencia fiscal y el RIGI. Todo esto vuelve más competitiva a nuestra economía, que hace más competitivas y más productivas a nuestras empresas y permite la aparición de nuevas empresas, lo que nos permite seguir creciendo.
Hago una nota de color. Les recomiendo la charla que dio hace un rato en ABECEB Federico Sturzenegger y que habla de los cuatro pilares del gobierno. Dice que es el equilibrio fiscal, la propiedad privada, la desregulación y la apertura. Esto es muy importante porque el respeto de la propiedad privada, ya sea o porque no hay que ir a cobrar más impuestos, de hecho tratamos de bajarlo y de hecho lo hicimos y, al mismo tiempo desregular, en el fondo son la contracara del equilibrio fiscal.
Al no haber equilibrio fiscal digamos, ¿qué hace un gobierno? Bueno, algunos se endeudan con lo cual le pasan la cuenta de la fiesta presente a las generaciones futuras, lo cual es profundamente inmoral y otros, ¿que hacen? Expropian. ¿Cómo hacen para expropiar? Ya sea subiendo impuestos o expropian vía emisión monetaria que se traduce en impuesto inflacionario. Es decir cada una de las regulaciones y de los efectos macroeconómicos devastadores que hemos padecido durante 80 años o 90 años tienen como correlato el desequilibrio fiscal.
Por eso, también siempre es muy interesante lo que fue, digamos, la primer charla de nuestro gran Ministro de Economía, el mejor de toda la historia, Luis “Toto” Caputo.
Justamente, en esa charla, en la primera conferencia que dio siendo Ministro, él explicaba que tanto los desequilibrios macroeconómicos de deuda, de inflación y regulaciones y controles y todas esas medidas y toda esa maraña, eran todas hijas del equilibrio fiscal. Por eso, no vamos a negociar el equilibrio fiscal. Porque eso es lo que preserva la propiedad privada. Es decir, aquellos que les digan «Equilibrio fiscal sí, pero…», esos van a ir por su bolsillo, van a ir por su propiedad, son los que, en el fondo, los responsables del gran fracaso en Argentina. Es decir, el equilibrio fiscal no se negocia con ningún ‘sí, pero’ de nada.
Y frente a esto, obviamente, como no nos queremos mover de ninguna manera del equilibrio fiscal, entonces aparecen los mismos de siempre que salen a decir que la competitividad se arregla devaluando.
Devaluar es abaratar lo argentino a costa de los argentinos, es licuar los salarios, es destruir el ahorro y desvalorizar las empresas de un plumazo. Y todo para que, a los pocos meses, los precios se acomoden y el problema siga ahí. Esto, en las últimas charlas, “Toto” lo estuvieron explicando a la perfección. Digo, no pude escuchar la de hoy porque, bueno, entre el viaje y el discurso estaba comprometido en tiempos.
Pero es interesante…, porque ustedes, en el fondo…, miren, acá la gran realidad es… ustedes tienen que la competitividad depende de cómo son sus costos y ustedes tienen el costo laboral, el costo impositivo, que no es ni más ni menos que lo que tiene que ver con el tamaño del gasto público…, si quieren pueden poner la infraestructura y el costo del capital, bueno, nosotros hemos decidido bajar los impuestos, bajar el costo del capital, desregular la economía, favorecer la infraestructura pero hecha por el sector privado, de hecho licitamos 9 mil kilómetros de ruta, estamos avanzando en otro tramo de 6 mil más, desregulamos la hidrovía, entonces…, lo mismo estamos haciendo en materia de trenes.
Es decir, por la vía genuina. ¿Qué era lo que hacían los demás y los otros gobiernos? Básicamente, lo que buscaban es para no tocar el desequilibrio fiscal porque era de la que ellos muerden, entonces la contracara es que la competitividad se ganaba con una devaluación. Es decir, empobreciendo a los trabajadores.
Ahí está la clave. Cuanto más grande es el sector público, claro, más presión tienen por el lado cambiario. Consecuentemente, requiere de salarios bajos. Es decir, más participación, más gasto público, más Estado presente; el resultado es argentinos más pobres.
Es más, devaluar es un mecanismo que le sirvió a algunos para comprar tiempo sin arreglar problemas. Sin embargo, no es la estrategia que estamos implementando porque nosotros nos dedicamos a solucionar esos problemas de raíz. Por eso, tenemos exportaciones récord y superávit de cuenta corriente. Solo en el siglo XXI, Argentina es uno de los cinco países que más devaluaron su moneda junto a Venezuela. ¿Alguien podría explicar dónde está toda esa competitividad argentina o dónde está toda esa competitividad venezolana? No es así. La competitividad no se gana empobreciendo a la gente. Es un oxímoron querer progresar destruyendo a todos los argentinos y, en especial, a los trabajadores.
La competitividad se construye haciendo que sea más fácil montar negocios en el país, tanto a nivel burocrático como a nivel tributario. Por eso, a medida que el superávit nos lo permite, continuamos bajando impuestos. Gracias a eso, pudimos presentar un plan consistente de baja permanente de retenciones que le brinda más previsibilidad al sector agropecuario, y trabajamos sin descanso para poder eliminar este invento nefasto para siempre.
Es más, el plan que nosotros tenemos desarrollado, que ideó el equipo de “Toto”, implica que si la decisión de los argentinos es continuar con este modelo, desde que asumimos hasta el año 2031 estaríamos devolviendo a los argentinos 500.000 millones de dólares. Vengan y me digan cuándo pasó eso en la historia argentina.
A su vez, por otro lado, la Cámara de Diputados ha dado media sanción a un proyecto de ley que endurece las penas contra el vandalismo rural, una práctica delictiva muchas veces promovida por sectores que se han dedicado a demonizar al productor agropecuario, tratándolo de enemigo del pueblo. Mientras ellos han puesto cuatreros en sus listas, nosotros protegemos la propiedad privada.
Y uno tiene todo el derecho de preguntarse porqué queremos que nuestra economía sea más competitiva internacionalmente pudiendo conformarnos con un mercado de 50 millones de personas. Adan Smith advirtió que la división del trabajo, una de las grandes herramientas para el aumento de la productividad, está limitada por el tamaño del mercado. Una empresa argentina con 50 millones de clientes es una empresa muy pequeña en comparación con la misma empresa con 8000 millones de consumidores.
Este cambio de escala es lo que permite una mayor productividad y la generación de más puestos de trabajo genuinos. Por eso, otra parte fundamental de este plan económico es ir abriendo nuestra economía para que los argentinos puedan acceder a bienes y servicios más competitivos y para que puedan exportar sus bienes y servicios a un mercado mucho mayor. Ya logramos firmar acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con Singapur. Vamos camino a terminar la aprobación del acuerdo con EFTA y tenemos un acuerdo comercial vigente con Estados Unidos.
También enviamos una solicitud de adhesión al acuerdo transpacífico y llevamos más de 500 mercados abiertos.
Y abrir nuestra economía hace que crezcan más los sectores donde somos más competitivos, que a primera vista pueden ser la energía, la minería, el conocimiento y el agro. Pero ser competitivos en esos sectores nos permite que, con reglas fiscales competitivas con el resto del mundo, se vuelvan atractivas más industrias.
Por eso, el RIGI ya cosecha pedidos de aprobación por más de 210.000 millones de dólares, con fábricas de acero, fábrica de urea y fábrica de automóviles entre sus adhesiones.
Por primera vez, además de tener la energía, los alimentos, los minerales críticos y el talento, hay un Estado que quiere que esos sectores se desarrollen y se potencien unos con otros.
Y como quién inventa tiene que poder proteger lo que inventó, vamos camino a probar la adhesión de la República Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes. Así culminará un proceso pendiente desde 1998. Todo esto lo hacemos para convertir a la Argentina en un país realmente productivo y un país productivo se construye con dos protagonistas que se necesitan mutuamente: el empresario y el trabajador. Sin empresarios que se animen, no hay trabajo que ofrecer y sin trabajadores, ni la mejor idea puede escalar..
Ese empresario es el que describí hoy, alguien que descubre oportunidades, se la juega, compite, innova y durante un siglo tuvo que hacerlo con el Estado encima. Cada vez que logra sacar una empresa adelante está generando puestos de trabajo y haciendo posible que haya mejores sueldos. Por eso, cuando digo que quiero más empresarios, estoy diciendo que quiero más empleo, más oportunidades y mejores ingresos para todos los que trabajan.
Nuestro compromiso es seguir sacando obstáculos y diseñando reformas duraderas que resistan el paso del tiempo. Ustedes sigan haciendo lo que mejor saben hacer: arriesgar, producir y ganar mercado; inviertan, contraten, exporten e innoven. Roca decía que nada grande ni duradero se conquista sin supremos esfuerzos y dolorosos sacrificios. Levantar una empresa en Argentina fue durante décadas un esfuerzo supremo con todo en contra y ustedes lo siguieron haciendo, por eso la patria se los agradece.
Aquí también quiero hacer una nota de pie de página no menor, y es lo que ocurre en todos los casos donde hay grandes reformas estructurales. De hecho, quien me llevó a investigar esto y a pensar es un economista académico que claramente no es afín a nuestras ideas, pero me pareció una crítica interesante, una crítica inteligente, y que con esa crítica teníamos mucho para aprender si podíamos entender lo que estaba pasando.Este economista muy experimentado dijo: «Si verdaderamente hay un cambio estructural fuerte, entonces, en realidad, la economía debería estar cayendo». Que, es lo que pasa en cada uno de estos casos donde hay grandes reformas estructurales. Cito dos ejemplos.
Un ejemplo es el caso de Estonia. Hizo una reforma promercado muy profunda y de hecho en el primer año cayó 20%. No solo eso, también tenemos el caso de Polonia, también una reforma estructural muy importante y a lo largo de los primeros cuatro años esa economía cayó poco más de 10%. Entonces, el punto es que si uno hace reformas estructurales muy profundas la consecuencia es que la economía de corto plazo cae y la realidad es que entonces si yo miro lo que ha ocurrido con el PBI mirado con el EMAE desestacionalizado y me paro en diciembre del ‘23 y comparo diciembre del ‘24…, la economía se expandió 6,7%; en el segundo año lo hizo en torno al 4%.
Es decir, la economía acumula más de un crecimiento de 10%, está en picos históricos. Es interesante porque frente a un contexto donde tenemos la tasa de interés en Estados Unidos más alta de los 30 años, donde tenemos un contexto internacional con el petróleo que duplicó su precio, esa situación, que en otros momentos de la historia argentina hubiera llevado a crisis enormes, con caídas del PBI que podrían haber sido en torno al 10% o 15%..., nosotros estamos discutiendo que se desaceleró la tasa de crecimiento y que la inflación cae a un ritmo menor porque, claro, si la economía se expande menos, la demanda de dinero crece menos y entonces el exceso monetario que todavía subyace se limpia con tasas de inflación más altas.
Y por eso baja más lentamente. Y la realidad…, entonces, este economista académico muy experimentado dijo: «Entonces no hay reforma, porque, si miro lo que está pasando, no tengo un problema con la caída de la actividad, no tengo un problema en el mercado de trabajo». De hecho, estamos con una tasa de desempleo que está 2% abajo del promedio que ha mostrado la economía argentina.
Entonces, la realidad es que no hay reforma. Y esto es muy interesante porque lo que nosotros decimos es que la reforma es tan grande y tan vasta que está compensando todos los efectos negativos de otros casos.
Nosotros hoy ya pasamos las 18.000 desregulaciones y, cuando termine de pasar la Ley de Hojarasca que está en el Senado, vamos a estar superando las 20.000 desregulaciones. Entonces yo les hago una pregunta: ¿alguien vio lo que está pasando en el sector energético? Es fuerte, ¿no? Ya ha dejado de ser deficitario. Hoy estamos superavitarios. Pasamos de menos 5000 a más 10.000. De hecho, si no hubiéramos hecho lo que hicimos desde el 2024, en realidad con el con el decreto 70/23 y con la Ley Bases y siguiera el Barril Criollo, fíjese una de las 18.
000 desregulaciones, quitar el Barril Criollo permitió que pasáramos de menos 5000 a más 10,000. Digamos ahí tienen 15.000 y con los nuevos precios del petróleo, digamos, ahí pasamos a tener el buraco sería de 20 mil millones de dólares. Digamos en el sector externo. Es más, economía del conocimiento pasó de 0 a 10 mil. Es decir, fíjense que hay 30 mil millones de dólares más. Y no solo eso, miren, si siguiéramos con déficit fiscal y tuviéramos que ir a buscar no solo el rollover, el cual ya lo tenemos cerrado pese a que gran parte de la profesión que vive de inyectarle miedo a la gente porque tienen que entender que mandaron muchos clientes a la quiebra con sus errores, entonces tienen que estar todo el día…, quieren identificar quiénes son los economistas que mandaron quiebras, a la quiebra a muchas empresas, son los que todo el tiempo están pidiendo que salte el dólar.
Tienen un problema con sus clientes. Es más, muchos de ustedes los deben tener y muchos de ustedes ya le dieron de baja el abono, motivo por el cual también están más enojados.
Hubiéramos tenido que ir a buscar 35.000 millones de dólares por el déficit flujo, los 25.000 del financiamiento más otras cuestiones, ustedes se dan cuenta que en casi 3 años dimos vuelta 100.000 millones de dólares en el mercado de cambios. ¿Cómo creen que hubiera reaccionado Argentina frente a esta situación que está pasando ahora? Hubiéramos volado por los aires. Y, de vuelta, discutimos que no, íbamos a creer tres, íbamos a crecer dos. Estamos discutiendo la desaceleración del crecimiento. Estamos... Bueno, entonces, no, la inflación al final no terminó siendo 20. Bueno, OK, pero, frente a lo que era nuestra historia, la mejora es infinita.
Pero no solo eso, sino que fíjense que una desregulación generó lo que generó en el sector de Oil and Gas. O sea, en el sector energético. Fíjense, haber cambiado la Ley de Glaciares significó todo lo que está ocurriendo en minería. Entonces, imagínense, 18.000 desregulaciones; es decir, le está cambiando la vida a un montón de argentinos. Por eso también lo tienen en la expresión de lo que es el mercado informal.
Lo que es el mercado de trabajo informal, que de hecho los salarios reales en el mercado informal, que es la mitad del mercado de trabajo, han crecido 60% en términos reales. Ah, no, pero como eso me hace que los salarios reales me queden en terreno positivo, ¿qué hacen? Lo sacan, ¿no? ¿Vieron a ese economista que dice «No, bueno, pero Argentina si le sacan el petróleo, el gas, el campo, la economía del conocimiento y la minería, no crece»? Y, claro, si yo le saco a Messi, a Di María y al ‘Dibu’ digo no ganábamos en el mundial del ‘22.
Así es que cambiar la decadencia del status quo no es fácil, pero como decía Picasso: para lo fácil están los otros, nosotros nos dedicamos a los imposibles. Por lo tanto, no vamos a bajar los brazos en esta pelea por hacer grande a la Argentina nuevamente. Que Dios los bendiga a todos, que las fuerzas del cielo los acompañen y viva la libertad, carajo. ¡Viva la libertad, carajo! Muchísimas gracias a todos.