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La actividad económica acumula en 2026 su cuarta peor caída desde 1993, solo por detrás de la pandemia, 2001 y el Tequila. Sin embargo, el presidente Milei parece mirar otra película: promete crecimientos de 7 u 8 por ciento y “el mejor año económico de la historia” si lo reeligen. En la realidad, los salarios corren detrás de la inflación, el crédito se achica, la inversión retrocede y las fábricas cierran o suspenden, desde Bunge hasta Stellantis. ¿Cuánto puede aguantar un modelo que crece solo para unos pocos?
La actividad económica de los primeros ocho meses de 2026 se ubica entre las peores caídas que registra la Argentina desde 1993: es la cuarta más profunda de la serie. Así lo muestra un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, que calculó una contracción acumulada del 3,9 por ciento entre diciembre de 2025 y agosto de 2026. Solo la superan tres crisis de magnitud histórica: la pandemia, con un derrumbe del 8 por ciento; la de 2001, con una caída del 7,4 por ciento, y la del Tequila, en 1995, con un retroceso del 6,9 por ciento.
El presidente Javier Milei, sin embargo, parece mirar otra película. Tras el último dato del EMAE, los economistas advirtieron que solo un milagro podría sacar a la economía de la recesión en el tercer trimestre: según Equilibra, el indicador tendría que crecer 8,5 por ciento mensual en septiembre para retomar una senda expansiva, cuando en agosto apenas avanzó 0,1 por ciento y en julio había caído 2,8. Aun así, Milei sigue lanzando cifras sin respaldo. Proyectó un crecimiento de entre 7 y 8 por ciento per cápita, condicionado a su reelección el año próximo, y aseguró que, si la consigue, 2028 será “el mejor año económico de la historia” de Argentina. Ver para creer.
La razón de esa brecha está en el propio modelo. Sostenido sobre una triple ancla cambiaria, fiscal y salarial, no “derrama”: su efecto expansivo no llega a buena parte de la economía y traza un sendero que los economistas asocian con la letra K. Unos pocos sectores crecen con fuerza, los que tienen ventajas comparativas, como la minería, el agro y la energía; mientras otros, entre ellos la industria, el comercio y la construcción, sufren un retroceso. Esa estructura produce un crecimiento “primarizado” y sin empleo, apoyado en actividades que absorben poca mano de obra. Como consecuencia, los salarios pierden impulso, la demanda interna se retrae y la crisis de actividad se profundiza.
Para los economistas, la salida exigiría un cambio de rumbo. “Para salir de esta encrucijada, dado el freno de la desinflación, el Gobierno debería permitir una mayor nominalidad salarial, con sus riesgos inflacionarios, o relajar su meta fiscal”, plantean desde CP Consultora. Pero Milei ya dijo en más de una oportunidad que seguirá atado al mástil de su política económica, sin giros. Mientras tanto, los salarios no acompañan: según Federico Pastrana, director de la consultora, las últimas paritarias de mayor peso, las de Camioneros, Comercio y Construcción, cerraron con aumentos de entre 1,6 y 1,9 por ciento, en todos los casos por debajo de la inflación minorista.
El efecto sobre los bolsillos ya es visible. Otro estudio de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, difundido esta semana, mostró que más de un tercio de los trabajadores privados agota su sueldo para el día 10. El análisis se hizo sobre 320.000 cuentas sueldo del sector privado en la entidad, con datos de julio.
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