Quién domina la conversación
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- 20%
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La Nación10 min de lectura

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El enojo es la materia con la que Javier Milei construyó su liderazgo. Así llegó al poder, como un economista excéntrico que venía a vengar a una sociedad hastiada por la inflación, la corrupción y la deriva de decadencia argentina. Así gobernó, encaramado en la furia contra todo lo anterior, y así se afianzó en el centro del sistema político. Pero el hombre que grita, que insulta, que denuncia, que blande una motosierra como símbolo de impiedad con el despilfarro da muestras de extravío cuando percibe que el malestar social también apunta hacia él.
Esta semana se enredó con una frase que desató una cadena de críticas e ironías en su hábitat natural, las redes sociales. Empezó el lunes en Neuquén, delante de ejecutivos petroleros: “La idea de que la gente no llega a fin de mes es una pelotudez que impulsó el kirchnerismo. Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?” Fue un brote de literalidad que sostuvo de mil maneras los días siguientes como si estuviera en guerra contra los que se sienten disconformes con el presente económico.
Blindado en la negación de un problema, como es la caída de la actividad, el ajuste de los ingresos de las familias y la pérdida de empleo formal, eligió el fastidio antes que la empatía.
“Acá no se rinde nadie” fue el mensaje que baja hacia su propia tropa, a la que le impone la vieja doctrina del “vamos ganando”. Durante semanas refutó índices que trazan el contorno de una recesión con el argumento de que está cambiando la matriz de la economía, y entonces los números del Indec “dan cualquier cosa”. Minimizó la suba del desempleo y celebra que crezcan la informalidad y el cuentapropismo. Insistió con que el consumo está en niveles récord, sin consignar que gran parte de ese gasto mayor se va en pagar tarifas con menos subsidios.
La acumulación de cifras negativas lo llevó finalmente a un giro. El jueves esbozó algo parecido a una admisión: “Los indicadores no están evolucionando tan positivamente como esperábamos”. Lo atribuyó al riesgo que causa el temor a un regreso del kirchnerismo y a un shock eterno. La autocrítica es por ahora una estación lejana, pero el giro narrativo resultó estridente viniendo de quien viene.
Así y todo sigue peleando contra un fantasma. La expresión “no llego a fin de mes” es a todas luces una simplificación que refleja cómo una parte de la población procesa la transformación económica en curso. Es cierto, no hay cadáveres apilados por las calles. Tan evidente como que el bienestar no se mide con el parámetro de la supervivencia biológica. Algunos se endeudan o suman horas de trabajo temporal, otros se atan a una bicicleta imparable con la tarjeta de crédito, está quien saca a sus hijos del colegio privado, quien se tiene que mudar o simplemente prescindir de cosas que, al perderlas, empeoran su calidad de vida. Los más golpeados salen a pedir limosna o van a almorzar a comedores populares.
Extracto. El contenido pertenece a La Nación.
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Datos recopilados de conversaciones públicas y estimados por IA. Fuente: contexto de la nota (sin datos utilizables de X).




Economía · Página/12
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