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Estimación de IA · confianza 85%
El recorte de la obra pública tiene una justificación teórica conocida. Según la idea del desplazamiento, o crowdingout, cuando el Estado gasta y se endeuda compite con los privados por el ahorro disponible, empuja hacia arriba la tasa de interés y les quita espacio. Si el Estado se corre, el capital privado ocupa su lugar, dice el Gobierno.
Brasil y la Argentina funcionan hoy como dos experimentos opuestos para poner a prueba esa idea. Lula, reelecto el 25 de octubre con el 51,8% de los votos válidos, amplió la inversión pública en infraestructura. Milei la llevó a mínimos históricos. En los dos casos, la inversión privada siguió al Estado.
En la Argentina, la serie trimestral de inversión total y gasto de capital del Estado nacional desde 2004, a precios constantes, que elaboramos en el Instituto Argentina Grande con datos del Indec y del Ministerio de Economía, muestra que ambas crecieron a la par hasta 2011 y cayeron juntas en la recesión de 2018 y 2019. La recuperación de 2021 y 2022 las encontró otra vez en la misma dirección. El tramo de 2012 a 2015 fue la excepción: la obra pública siguió creciendo y la inversión total se estancó, en años de controles cambiarios y restricciones a las importaciones.
En 2024 el Estado nacional se retiró de la obra pública. En el primer semestre de 2026 su gasto de capital fue 84% menor que en el mismo período de 2023, en términos reales. De las 2.399 obras que la Nación recibió en ejecución en noviembre de 2023, 1.683 fueron rescindidas, según el propio mensaje del Presupuesto 2027, que prevé para el año próximo un gasto de capital de 0,43% del PIB, por debajo del 0,49% de 2002 y lejos del 2,63% promedio de 2005 a 2015.
La inversión privada quedó lejos de ocupar ese espacio. La inversión total del país, en su gran mayoría privada, cayó 16,3% en términos reales entre el segundo trimestre de 2023 y el de 2026, en la serie desestacionalizada, y con ese último dato acumula cinco trimestres seguidos de caída.
También cambió su composición: entre 2023 y 2025, a precios constantes, el equipo importado creció 23,9% y llegó al 36,9% de la inversión total, el máximo desde 2004, mientras la construcción, el componente con más empleo y contenido local, cayó 19,5% y bajó al 30,4%, el mínimo de la serie.
Extracto. El contenido pertenece a Perfil.

Inversiones · Página/12
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