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Clarín6 min de lectura

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Esteban Bullrich busca unir las partes de un país quebrado por la polarización política extrema. El exsenador encontró en la sensibilidad que produjo su diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) el terreno para instalar un discurso reñido con la época: “La confrontación puede ayudar a ganar una elección pero nunca será suficiente para construir una nación”.Mientras la enfermedad avanza depredadora sobre su cuerpo el exministro de Educación de Mauricio Macri desnuda -en una entrevista con Clarín- las vulnerabilidades de un hombre joven que necesita de un otro para hacer prácticamente todo.
Con la ayuda de la tecnología y de sus enfermeros reflexiona sobre el miedo a la muerte revela cómo cambió su fe desde que fue diagnosticado en 2021 y cuenta qué le enseñó esta nueva forma de comunicarse con los ojos.Bisnieto del fundador de Patio Bullrich primo lejano de Patricia Bullrich y con una carrera política que arrancó con la crisis de 2001 también opina sobre la gestión de Javier Milei a quien le reparte críticas y elogios. “Me preocupa profundamente la forma de ejercer el poder” cuestiona aunque destaca su “coraje para enfrentar problemas estructurales que la Argentina viene postergando desde hace décadas”.
El miedo a la muerte la relación con Dios y la vulnerabilidad─¿Qué descubrió en esta nueva etapa que antes cuando tenía el control de tantas cosas no había podido descubrir?─Descubrí que no necesito controlar mi vida para darle sentido. Durante muchos años confundí hacer con ser. Hoy cuando prácticamente no puedo hacer nada por mí mismo descubrí que puedo seguir amando acompañando y sirviendo. También aprendí a contemplar. Antes miraba mi jardín; hoy lo contemplo en silencio.
Y esa diferencia es enorme. Descubrí una paz que no conocía y una relación con Dios mucho más profunda. La enfermedad me quitó muchas libertades pero me enseñó que existe una libertad interior que nadie puede quitarme.─Habló del miedo que sintió al enterarse de la enfermedad. Con el tiempo ¿ese miedo cambió de forma? ¿Hay algo que hoy sabe y que esa persona recién diagnosticado no podía saber?─El miedo cambió. Cuando recibí el diagnóstico tenía miedo de morir de perder mi independencia de no poder hablar y de convertirme en una carga para mi familia.
Hoy muchas de esas cosas sucedieron y sin embargo sigo encontrando razones para agradecer cada día. Descubrí que somos capaces de soportar mucho más de lo que imaginamos cuando nos dejamos amar. No desapareció el miedo pero dejó de gobernarme. Aquel Esteban no sabía que podía encontrar tanta paz en medio de tanto sufrimiento. Hoy sé que Dios nunca me soltó la mano.-¿Pero hubo algún momento en el que sintió que su fe flaqueaba?─Por supuesto. Cuando recibí el diagnóstico me enojé mucho con Dios.
No entendía por qué me pasaba esto. Con el tiempo comprendí que estaba haciendo la pregunta equivocada. Dejé de preguntarme por qué y empecé a preguntarme para qué. No creo que Dios me haya mandado esta enfermedad. Creo que me acompaña mientras la atravieso. La fe no elimina las preguntas ni el sufrimiento. Nos permite vivir con ellos sin perder la esperanza. Hoy no tengo todas las respuestas pero tengo algo mucho más importante: la certeza de que no estoy solo.
Extracto. El contenido pertenece a Clarín.
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