Y ahí es donde entra lo que voy a estar publicando en aproximadamente 20 días, o algo así, que se va a tomar este conocimiento público que es mi nuevo libro, que se llama La moral como política de Estado. Es decir, cómo es el proceso decisorio que nosotros utilizamos para que cada día estemos más cerca de nuestro ideal libertario, nuestro ideal anarcocapitalista, cómo tomamos decisiones, porque en el fondo ustedes lo que se van a encontrar cuando estén en un cargo, en una posición de las características, ya sea de las que me toca tener a mí, o las que tienen mi gabinete, se trata de tomar decisiones.
Entonces en ese mecanismo, creo que nosotros podemos decir que tenemos esta contradicción resuelta y es en qué se basa nuestro criterio decisorio. Nuestro criterio decisorio tiene tres partes. Una parte tiene que ver con lo que nosotros llamamos los valores de occidente, es decir, nuestra fuente de inspiración son los valores de occidente y ¿de qué se trata? Uno habla de los valores de occidente, ¿qué es eso? Bueno, básicamente ahí ustedes tienen cuatro elementos que conforman los valores de occidente.
Uno es el legado de la razón y cómo encarar los problemas de los griegos, es decir, nutrirnos de la filosofía griega. De hecho, los griegos planteaban sus cuestiones, en sus distintas historias iban planteando… A mí una de las que más me gusta es la de Filoctetes, ese arquero formidable que tenían, y que era tan importante en la pelea contra Troya, dado la estructura que tenía Troya. Y como había sido picado por una serpiente sus pies básicamente despedía muchísimo olor.
Entonces Odiseo no lo soportaba y lo tiró del barco, lo tiró en una isla. Y cuando llega el momento de atacar, consulta al oráculo y dice: “lo necesitás a Filoctetes o perdés”. El problema era que Filoctetes no quería saber nada con Odiseo, porque básicamente lo había echado, lo había dejado tirado en una isla. Entonces tenía que pedir perdón, entonces, cómo… ustedes se enfrentan a una situación donde están manejando todo un conjunto de fuerzas, que quieren ganarle a Troya, necesitan a este hombre porque si no, no pueden ganar, y entonces, ¿qué hacemos?
Odiseo no quería pedirle perdón, pero entonces perdía. Entonces, ¿qué es lo que hace? Lo convoca a Patroclo, el sobrino de Aquiles, y lo lleva para engañarlo y de esa manera que Filoctetes participe y de esa manera ganar. Bueno, fíjense, uno podría decir, ¿esa victoria tiene sentido? Y la verdad es que no, es una victoria sucia ¿por qué? Porque está basada en el engaño, eso no puede ser algo que prospere, está basado…, es decir, debería haberle pedido perdón a Filoctetes o debería bancarse el mal resultado, pero esa solución intermedia que permite que gane y no pedir perdón, la realidad es que, si ustedes fueran un par, desconfiarían de esa persona, es decir, automáticamente es una victoria pírrica, con lo cual, no puede pasar tampoco el corto plazo.
Entonces, debería haber… Si era tan importante ganar, debería haber reconocido su error y perder, porque, de hecho, era una oportunidad que le estaba dando la vida que no tenía. Porque imagínense qué hubiera pasado si Filoctetes moría en la isla. Es decir, el error hubiera sido irreparable, pero no lo... Y un error no se arregla cometiendo otro error, sino que se arregla arreglando el error, corrigiendo la situación incorrecta.
Esto que parece un tema no menor, al momento que ustedes tienen que tomar decisiones, está presente todo el tiempo. En otro sentido, también, otro elemento fundamental de lo que son nuestros valores occidentales, las bases, es el derecho romano. Es decir, no hay nada más inspirador que Ulpiano y la construcción del derecho romano y, sobre todo, la construcción del derecho natural.
Por eso también, nosotros repetimos recurrentemente la frase en la que el profesor Alberto Venegas Lynch, hijo, define el liberalismo, porque eso enmarca nuestra posición, y es: ‘el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad’. Por lo tanto, cuando yo me enfrento al Gabinete, cuando yo me enfrento a mis Ministros, cuando yo planteo a dónde quiero ir, planteo el norte, pero, al mismo tiempo, planteo restricciones sobre qué instrumentos no.
Vamos a acabar con la inflación, pero no vamos a usar controles de precios, no vamos a usar expropiaciones, no vamos a vulnerar el derecho de propiedad, no vamos a vulnerar la libertad. Es decir, puede costar más, pero se hace por el camino correcto. Si hemos tenido la suerte de ser Odiseo y Filoctetes no murió, le pedimos perdón y vamos y ganamos Troya. Es decir, no vamos a negociar nuestros valores morales por un logro político, porque, si no, no nos vale de nada.
El tercer elemento dentro de este bloque es los estoicos. Digo, de hecho, cuando uno revisa la obra de Adam Smith, la obra de Adam Smith estaba encuadrada dentro de su curso de filosofía moral. De hecho, su libro con el que se hace conocido: “La teoría de los sentimientos morales”, justamente tomaba la parte de filosofía moral en su curso. Es más, la investigación sobre la naturaleza y la causa de las riquezas de las naciones cubría la parte de economía política.
Es más, uno de sus libros que por pedido de él y por sus discípulos fue quemado, era el que tenía que ver con la cuestión de la jurisprudencia, que es básicamente estudiar la filosofía del derecho. Es decir, todo el encuadre de Adam Smith era un encuadre moral. La primera parte era sobre teología y a Adam Smith mucho no le gustaba discutir el tema, porque en aquellos momentos algunas situaciones podían terminar siendo muy costosas en términos de vida directamente.
Pero meterse con los monopolistas también, o sea, eran épocas un poquito menos tolerantes.Y esto es impresionante, es interesante. ¿Quién es un caso de un estoico que le toca estar en la poltrona? Bueno, el rey Salomón. El rey Salomón, cuando hereda el trono de David, el creador, le dice: «Bueno, ¿qué deseos tenés?» Y dice: «Sabiduría, para poder diferenciar el bien del mal; coraje para elegir el bien; templanza para mantenerme en el camino del bien; y justicia para actuar de manera justa».
Y, de hecho, cuando ustedes revisan el capítulo 8 de “La teoría de los sentimientos morales” de Adam Smith, justamente, son estos mismos conceptos, nada más que el caso del coraje y la templanza lo pone en la lógica del autocontrol y crea una virtud adicional, que es la beneficencia, pero la beneficencia con la propia, no con la ajena.
Si no, no es virtud, la caridad a punta de pistola no es virtud. Dicho esto, la última parte de este bloque es lo que nosotros llamamos los valores judeocristianos. Y ahí hay algo maravilloso, que después liga con lo que es ahora, el segundo bloque temático de la moral como política de Estado, y es la importancia de los valores judeocristianos en la construcción del capitalismo. Si ustedes quieren entender lo convulsionado del mundo de hoy, si ustedes quieren entender el rebrote de antisemitismo que hay en el mundo, si ustedes quieren entender por qué la izquierda está aliada con el islamismo radical asesino pone bombas, que en Argentina nos pusieron dos bombas, en el 92 y en el 94.
La pregunta es ¿cómo puede ser que convivan estos dos grupos violentos si los que profesan las ideas de izquierda fueran de alguno de esos países terminarían todos muertos? Digo, ¿cómo puede ser que grupos de izquierda…, no sé, ustedes se imaginan a feministas radicales con “Free Palestina” y van a Palestina y terminarían siendo molidas a palos? Al margen de que les obligarían a usar la burka. Entonces, la pregunta es, ¿por qué? Es una forma también de ver por qué están aliados esos grupos, cuando en principio uno sabe que no podrían convivir.