A mí me sorprende, yo no sé si los… me cuesta, tengo un problema de identificación con los economistas. No sé si es que son malos, que son deshonestos intelectualmente o las dos cosas a la vez. En mi otra vida lo hubiera encargado de otra manera. Ahora soy un poquito más suave, ahora les lo dejo sujeto a análisis, a debate. La realidad es que el mundo está atravesando un shock externo negativo.
Lo que está pasando en Medio Oriente, lo que está pasando con Rusia y Ucrania, eso tiene impacto directo sobre los precios de la energía, en especial sobre el petróleo. Y en ese contexto, es muy interesante porque ustedes al tener una contracción de oferta, eso lo que les hace es que les pegue un salto el nivel de precios. Ese salto en el nivel de precios, ustedes lo ven transitoriamente como una aceleración en la tasa de inflación. Y eso hace que dispare en los bancos centrales la intención de subir las tasas de interés para poner en caja la inflación. Entonces el mundo va a niveles de actividad más bajo, a niveles de precios más altos y a tasas más altas. No es que nos está pasando a nosotros nada más, está pasando en todo el mundo. La diferencia es que nosotros igual seguimos estando entre los países del mundo qué más crecen. Y eso a mí no me parece trivial.
Además, en un contexto como este, nosotros no paramos de comprar dólares a lo bestia. Es decir, si nosotros en este contexto hubiéramos dejado caer el tipo de cambio, si aplicara un modelo lineal, el tipo de cambio estaría en 1.000. Es para tener orden de magnitudes de las cosas que están pasando. O fíjense, todo el mundo cae, todo el mundo tiene problemas con la inflación. Nosotros lo vemos con menos crecimiento y lo vemos con una desaceleración de la inflación más lenta, pero vean que lo que nos pasa en términos de tasa de interés, esto es interesante: logramos rollear la deuda todo el tiempo, a veces con claras diferencias positivas, que terminamos absorbiendo pesos, sin que se mueva la tasa de interés local. Eso lo que está mostrando es la fortaleza que tiene el programa.
Por lo tanto, esto también es importante notar. Voy a hacer una nota técnica adicional, que también es muy interesante, que es el hedge natural que generó la economía, porque fíjense que, en este contexto de suba de tasas, como la tasa de interés está ligada a la suba en el precio de los commodities, concretamente, por ejemplo, y muy especialmente con los vinculados energéticos, si bien es cierto que eso chupa fondos hacia los países grandes, hacia los países desarrollados, nosotros no necesitamos el financiamiento desde el lado real, desde el lado financiero.
¿Por qué? Porque los estamos consiguiendo desde el lado real, desde el superávit energético. De hecho, este año Argentina va a terminar con un superávit comercial en torno a los 30.000 millones de dólares, y esto es importante a la luz de lo que se viene el año que viene. Tenemos comprados desde la elección más de 20 mil millones de dólares; si lo quieren tomar desde lo que va del año, más de 16 mil millones de dólares. Pero no solo eso: tenemos el swap chino, tenemos el swap con Estados Unidos, tenemos una posición en futuros limpia por 15 mil millones de dólares, que representa el 50% de la base monetaria, y tenemos lo que sea el balance comercial del año que viene y lo que entre por RIGI.
Es decir, el año que viene nos hemos construido un seguro, a esta altura, de 125 mil millones de dólares. Es decir, macro- prudencialmente, las cosas las estamos haciendo.
¿Esto por qué es importante? A mí me parece que es importante porque permite que los argentinos el año que viene elijan en paz. Es decir, le vamos a permitir que los argentinos por primera vez en su historia no tengan que elegir entre el partido del Estado versión de malos modales y versión de buenos modales. Van a tener que elegir entre el partido del Estado, el partido colectivista en todas sus versiones, versus el modelo de la libertad.
Y la realidad es que después de 100 años de fracaso, y si miro todo lo que tengo del otro lado, son todo el pasado y todo el fracaso, y tienen todo el pasado por delante. Me niego a creer que los argentinos vamos a votar para atrás. Confío en que los argentinos van a votar para adelante y vamos a salir adelante.
Volviendo a los canales normales. Así llevamos casi 3 años liberando nuestra economía. Eliminamos el cepo y liberamos la comercialización y la exportación de hidrocarburos, y pasamos de ser un importador a un exportador. En esa línea, promulgamos el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones durante el primer año y, gracias al RIGI, ya hay más de 210 mil millones de dólares en proyectos anunciados, de los cuales el 45% son específicamente en el área de petróleo y gas.
Solo con estos valores ya podemos afirmar que se trata de la política industrial y de desarrollo más importante de la historia argentina, y no tengo ninguna duda de que seguirá aumentando la cantidad de proyectos bajo este régimen. Y acá quiero hacer una aclaración para algunos economistas que se quejan del supuesto costo fiscal del RIGI: me gustaría que expliquen una cosa, ¿cómo puede tener costo fiscal una inversión que sin el RIGI jamás se hubiera hecho?
Entiendo que puedo tener una deformación profesional, de la cual además estoy orgulloso. Pero no se puede creer el nivel de estupidez: hablar del costo fiscal del RIGI. ¿Dónde está Rolo? Qué bien atendiste a imbécil que dijo esta cosa. Gracias. Increíble. Es decir, ¿cuánto pueden recaudar de cero? Cero. ¿De qué costo fiscal se habla? Hay que ser muy estúpido. Bueno, esos son los economistas profesionales argentinos: una manga de chantas increíble.
O sea, incapaces de crear valor. Hay una frase que a mí me gusta mucho que es: el oráculo de Delfos daba consejos, pero no tomaba decisiones. Ese salto no es un salto menor, pero acá además nuestros oráculos de Delfos perdieron la brújula hace rato. A ver, un proyecto que no existe no paga ningún impuesto. Por más que hubieran propuesto cobrar impuestos del 100%, el 100% de cero sigue siendo cero. El capital no es inmóvil, eso tampoco lo contemplan.
Y competimos con todo el resto de los países para atraer inversiones. Y ante esa realidad el RIGI es una punta de lanza que conquista mercados. Ahora cada dólar que llega gracias al RIGI trae consigo proyectos, empleo y exportaciones que antes simplemente no estaban, y con ellos recaudación que antes no existía. En otras palabras, si nuestra labor es reconstruir la credibilidad argentina, el RIGI es una pieza clave de este trabajo, teniendo en cuenta que la credibilidad se construye quitándole al Estado la posibilidad de dar marcha atrás.
Quiero hacer también una nota de color sobre esto. Porque el punto es qué tenemos nosotros en nuestra cabeza sobre la política tributaria. Hoy tenemos como un sistema dual, porque tenemos por un lado el RIGI y tenemos el otro sistema. Bueno, en algún momento tendría que haber una convergencia, ya se los digo. La economía va a converger al RIGI, es decir no vamos a hacer que el RIGI converja a la estructura nefasta que hundió el país. No, vamos a hacer que converja al RIGI. Es decir que en el largo plazo la economía argentina va a ser todo un RIGI, o sea va a ser un lugar apto para las inversiones.
Y si lo del petróleo es una gran noticia, lo del gas es directamente una revancha histórica. Durante casi 20 años, los argentinos le compramos gas a Bolivia y cada invierno salíamos desesperados a comprar barcos de gas licuado, todo esto mientras estábamos sentados arriba de la segunda reserva de shale gas del planeta. Era como morirse de sed a la orilla de un lago. Bueno, algo propio de países que abrazan las ideas socialistas: porque en Cuba les faltaba el azúcar, los venezolanos se quedaron sin petróleo y nosotros, cuando llegamos, en el país de los alimentos que alimenta a 500 millones de seres humanos, teníamos un 20% de indigentes, número que durante este gobierno tan insensible se redujo un tercio.
Pero, como decía, hoy el panorama es otro. El gasoducto que traía el gas boliviano hacia el sur se revirtió y ahora lleva el gas de Vaca Muerta hacia el norte. En abril del año pasado, por primera vez en nuestra historia, el gas argentino llegó a Brasil atravesando Bolivia. Detengámonos en esto un segundo: durante casi 20 años le compramos gas a Bolivia y hoy el gas de Neuquén cruza Bolivia para llegar a Brasil. Nuestro gas ya llega a Chile, a Uruguay, a Brasil.
En el último año exportamos, en promedio, unos 8 millones de metros cúbicos por día, con picos de más de 10 millones. ¿Y qué significa todo esto en dólares? Que la balanza energética, que hace poco tenía un déficit de 5.000 millones, hoy va camino a dejar un superávit de más de 10.000 millones de dólares. Y si bien este invierno todavía tuvimos que comprar algunos barcos de gas para cubrir los peores días del invierno, se están preparando las condiciones para que eso nunca más vuelva a suceder y seamos exportadores todo el año.
Ahora quiero que miremos todo esto con un poco más de perspectiva, porque lo que está pasando en Vaca Muerta es parte de algo mucho más grande. A mitad del siglo pasado, la Argentina representaba el 0,81% de todo el comercio mundial. A partir de ahí empezó una caída lenta, pero persistente, casi ininterrumpida, que tocó fondo en 2023, cuando llegamos a apenas al 0,29%. Estamos hablando de más de medio siglo de decadencia absoluta por ir a contramano del mundo y en contra de todo conocimiento económico. Y lo más triste es que estuvimos prácticamente solos en esta aventura suicida. Si nos comparamos con nuestros vecinos, los números son demoledores: entre el año 2000 y 2025, América Latina multiplicó sus exportaciones por casi seis; Argentina, apenas por 2,8. Nuestras exportaciones crecieron menos de la mitad que lo que creció la región.
Teníamos la tierra, teníamos el talento, nos sobraban los recursos, pero nos condenó el populismo anti- comercio, con sus cepos, sus retenciones, sus prohibiciones de exportar y un Estado que veía en cada dólar que entraba un tesoro para repartirse entre amigos. Desde este piso comercial de 2023, en apenas 3 años nuestra participación en el comercio mundial viene creciendo sostenidamente. Este año, por primera vez en la historia, las exportaciones argentinas van a superar los 100 mil millones de dólares y las proyecciones indican que hacia 2035 vamos a volver a niveles de participación internacional que no se veían desde hace más de 50 años.