Quién domina la conversación
- Gobierno
- 10%
- Izquierda / oposición
- 45%
- La calle
- 45%
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Página/123 min de lectura

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Sabrá usted, querido lector, que nuestro Autoritario Electo tuvo esta semana una clamorosa seguidilla triunfal. Digamos, como diría Maurífice, que “logró lograr un logro”, superando su propio Record Guiness. Porque antes, cuando salía de gira, no se reunía con las personalidades progresistas, pero los recalcitrantes del mundo lo recibían gustosos para decirle “gracias por el litio-agua-choripán que nos obsequiaste”, o bien “no hay un fucking centavo para ti, pero gracias por haber venido”.
Pues bien, de un tiempo a esta parte se amplió de manera grandilocuente el abanico de personalidades que, ante el anuncio de la presencia de nuestro Primer Derogador en sus cercanías, aducen una jaqueca de rótulas, que dejaron la leche en el fuego, que les pica la apófisis mastoidea, que justo justo los llamó la suegra, que están en el baño y no piensan salir, que todavía no se dieron la vacuna antiparanoidea; o, simplemente, que no están ahí.
Cualquier excusa, por verosímil o delirante que fuera, es válida a nivel internacional para no tener que compartir un momento de meditación con “nuestro jamoncito”. Y este “Decile que me fui a Tasmania” corre para todo el espectro ideológico. Ni el Rey, ni el Inquisidor, ni el Emperador, ni Drácula, ni los personajes que ojalá fueran circenses pero la ultraderecha puso (con éxito) a competir por el voto popular, quieren ahora salir en la selfie con… ¡ustedes ya saben con quién!
De hecho, hasta el mismísimo HdeB (Hijo de Bolsonaro) mira para otro lado cuando le mencionan a “su aliado del sur”.
¿Qué ha pasado? ¿Se volvieron todos progres, incluidos los de Vox? ¿Recuperaron el audífono y le pusieron letra a la catarata de insultos que supieron aplaudir en un otrora más feliz? ¿Se pusieron en “Modo Dubái” (un par de pistachos y ya se creen de otra categoría)? ¿Temen que las barrabasadas de nuestro ultraderecho opaquen las propias, y como están en periodo electoral necesitan poner en valor sus propios insultos y mezquindades, que sin duda son meras alusiones comparados con los del potentísimo desbarrancador nacional?
Lo cierto es que nuestro Primerísimo Insultador puede decir con singular orgullo que ahora “no lo recibe ni la izquierda, ni la derecha, ni la ultraderecha, ni el microcentro”. Todo un derrotero.
Extracto. El contenido pertenece a Página/12.
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Datos recopilados de conversaciones públicas y estimados por IA. Fuente: contexto de la nota (sin datos utilizables de X).

Política · La Nación

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