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El ancla que aplicó el Gobierno nacional a los ingresos de los trabajadores derivó, en los últimos seis meses, en una transferencia de ganancias de 6.800 millones de dólares hacia los dueños del capital. La contracción de la masa salarial explica, en mayor medida, los números catástrofes del consumo masivo que provocan cierres de plantas y despidos. Lejos de aquel “fifty-fifty” que propuso y llevó adelante el presidente Juan Domingo Perón para distribuir de manera equitativa los recursos que generan estos dos sectores, los informes oficiales registran el retroceso acelerado de los trabajadores en la apropiación de la renta que ellos mismos producen.
Los límites a las negociaciones paritarias dispuestos por el Ejecutivo desde que asumió Milei, con el objetivo de frenar la inflación, encontraron entonces como respuesta otros límites: el estancamiento del poder de compra y de la actividad, el endeudamiento de las familias y la imposibilidad de que los precios no aumenten si las tarifas de servicios esenciales se llevaron en octubre casi el 11 por ciento de los salarios: la canasta escaló 56 por ciento en un año y la inflación 33 por ciento en igual período.
En ese esquema donde el ministro de Economía, Luis Caputo, y Milei justifican la reducción salarial bajo el argumento de evitar una indexación generalizada de la economía, la torta para repartir —es decir, el PBI— se achicó y se distribuyó de manera crecientemente desigual durante la administración libertaria. De acuerdo con los datos de Indec, respecto al segundo trimestre del año, sobre un Valor Agregado Bruto (VAB) proyectado en 974 billones de pesos anuales, la participación de la remuneración al trabajo asalariado se derrumbó al 42,9 por ciento: cayó 4,2 puntos en relación al primer trimestre y 2,43 puntos frente al mismo trimestre de 2025.
Como contrapartida, el excedente de explotación bruto, que consolida las ganancias empresarias, tocó el 44,7 por ciento del VAB y se expandió 2,8 por ciento interanual. De esta manera, la transferencia neta de recursos desde los sectores trabajadores hacia el capital fue superior a los 10,3 billones de pesos durante el primer semestre de 2026, lo que equivale a unos 6.800 millones de dólares, con una proyección anualizada que supera los 27,3 billones de pesos.
El retroceso de la masa salarial, entre paritarias planchadas y tarifas sin techo, repercute de forma directa sobre el volumen de ventas y el mercado interno, ya que los trabajadores gastan la mayor parte de sus ingresos en el consumo de productos básicos y, si pueden ahorrar, lo utilizan para construcción o entretenimiento, grandes dinamizadores de la economía.
De acuerdo con un reporte del Instituto Argentina Grande (IAG), el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se ubicó en agosto 3,9 por ciento debajo del nivel de diciembre de 2025. El enfriamiento se registra principalmente en el comercio mayorista y minorista, que sufrió una caída real del 18,95 por ciento en su valor agregado interanual, restando decenas de billones de pesos a la actividad económica general. A su vez, la industria manufacturera acumuló una retracción del 12,40 por ciento en términos reales, golpeada por la caída de la demanda interna y la apertura comercial, mientras que solo los rubros vinculados a la provisión de servicios públicos y energía experimentaron subas extraordinarias impulsadas por los cuadros tarifarios.
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