Quién domina la conversación
- Gobierno
- 25%
- Izquierda / oposición
- 45%
- La calle
- 30%
Empezá gratis con El Resumen Esencial o pasate a Premium para recibir el análisis completo.
Empezá gratis con El Resumen Esencial o pasate a Premium para recibir el análisis completo.
Empezá gratis con El Resumen Esencial o pasate a Premium para recibir el análisis completo.
Clarín8 min de lectura

Estimación de IA · confianza 80%
Los últimos días de Javier Milei condensaron los rasgos de su matriz conductual. Llamó ladrón a Lula da Silva pidió sacar a patadas del poder a Pedro Sánchez a un periodista español le dijo que no respetaba su cerebro y a una cronista argentina la acusó de trabajar para corruptos y extorsionadores. En su paso por España el Presidente gritó humilló a quienes lo contradicen y se burló de los que dicen que en Argentina hay gente que no llega a fin de mes.
Al regresar al país su talante se volvió todavía más beligerante: dijo que a las malas personas hay que quemarlas en la hoguera una práctica que durante siglos se aplicó en Europa contra quienes alteraban el orden divino político o moral.Pero entre su estadía en Madrid y el regreso a Buenos Aires casi al pasar Milei hizo una confesión la primera concesión pública sobre las dudas que genera su modelo al admitir que la economía no crece todo lo positivamente que él esperaba.
Fueron palabras ligeras aunque premeditadas -bien premeditadas según sus exégetas- que le ponen un freno al relato oficial de euforia permanente sobre el estado de las cosas. Un escudo acaso frente a lo que podría venir. Parafraseando el credo libertario no todo marcha acorde al plan.El golpe es duro. Milei no ha pasado un solo día sin subestimar a economistas empresarios periodistas opositores e incluso hasta integrantes de su propio Gobierno que durante distintos pasajes de su gestión advirtieron sobre los riesgos de un esquema tan dogmático.
Es cierto que hay sectores que apuntan a desestabilizarlo que preanuncian su huida en helicóptero de la Casa Rosada desde el primer día pero hay otros que -valorando ciertos logros macroeconómicos- han hecho cuestionamientos de buena fe o tan solo utilizaron la libertad de expresión para marcar diferencias con el rumbo.Milei ridiculizó a todos ellos sin distinción. A veces incluso se enojó más con aquellos que supuestamente simpatizan o están cerca de sus ideas que con los adversarios ideológicos que lo desprecian.
Les puso apodos peyorativos los llamó ratas miserables idiotas e ignorantes. Hasta hizo callar a sus propios colaboradores en las reuniones de Gabinete. A Patricia Bullrich por ejemplo. Su rencor aflora y parecería radicalizarse cuando las cosas no salen como él espera. Viejos amigos o ex funcionarios que alguna vez esbozaron algún comentario crítico descubrieron el jueves al querer escribirle para saludarlo por su cumpleaños número 56 que los había bloqueado en WhatsApp.
“A medida que los pronósticos no se cumplen su comportamiento se agrava y es difícil marcarle un matiz con lo que piensa" reconoce uno de los integrantes del Gabinete. Es una sensación que se expande desde hace tiempo entre quienes tienen acceso a la Residencia de Olivos. Cuentan en el núcleo duro del poder que para transmitirle una mala noticia o explicarle que una medida es inviable primero sondean su humor de ese día y luego calibran el tono con el que abordarán el encuentro.
Pulso Real en X
Datos recopilados de conversaciones públicas y estimados por IA. Fuente: contexto de la nota (sin datos utilizables de X).
Extracto. El contenido pertenece a Clarín.

Política · La Nación


