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La Nación2 min de lectura

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Los argentinos estaban tan enojados con la política y con sus dirigentes tradicionales que eligieron un cambio a un costo; permitieron estos exabruptos porque estaban seguros de que peor era la corrupción anterior. Los aceptaron como parte de un trato implícito: “Milei termina con los privilegios de casta y, a cambio, aceptamos sus formas”. Fue un mal acuerdo, porque eso no sucedió, al menos la mayoría así lo percibe, porque la corrupción no desapareció y, en algunos casos, hubo continuidad y los libertarios solo tomaron la posta para seguir la carrera.
No solo hay corrupción y arbitrariedad en el manejo del poder, sino también hay privilegios de “casta”, los mismos que Milei vino a terminar. Contó Iván Ruíz, en una excelente nota en LA NACION la semana pasada, que éste fue el séptimo viaje a España de Milei, y sumando todos los días que pasó allí, 15 en total, aún el Presidente “no conoce La Moncloa, el Congreso ni el Palacio Real. Siempre visitó esta capital para eventos privados o proselitistas, recibir premios desconocidos, dar conferencias o participar en eventos de economía.
La dinámica se repitió en sus siete viajes a esta capital: llega a bordo del Tango 01 y se hospeda en el hotel Hyatt Regency Hesperia junto a una comitiva integrada por distintos ministros, pero también por decenas de colaboradores, como su documentalista, su fotógrafa, el equipo de Ceremonial y la seguridad de Casa Militar”, detalló. Todo eso, al no existir agenda oficial, se convierte en visitas personales o de “campaña” para apoyar a amigos, que para colmo hoy lo ignoran, por eso de visualizarlo como “un activo tóxico”.
Es hora de preguntarnos por qué ese costo -se calcula que solo en viajes a España lleva gastados más de tres millones de dólares- lo tienen que pagar los argentinos con sus impuestos. En este último viaje insultó a periodistas de Clarín, de medios españoles, como a la colega de la Cadena SER de España, al presidente Sánchez y hasta se regocijó también señalando que “no hay nada más divertido que patear culos zurdos” durante su videollamada con Santiago Abascal.
Algunos historiadores, apegados a las anécdotas y costumbres de época, dicen que pudo ser una casualidad, pero quien repetía ese deseo de “patear traseros de izquierdistas” (no utilizaba el término zurdo) era José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española.
Extracto. El contenido pertenece a La Nación.
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Datos recopilados de conversaciones públicas y estimados por IA. Fuente: contexto de la nota (sin datos utilizables de X).


Política · La Nación
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