Quién domina la conversación
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El Cronista20 min de lectura

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El artículo se centra en la apertura del local y el optimismo de Antelo sobre la inversión en Argentina, sin criticar a la situación política o económica del país. La perspectiva positiva y las reflexiones sobre su carrera resaltan un enfoque equilibrado.
Pizza, champagne... y (efecto) caipirinha
Manuel Antelo ya está parado en la puerta del local, en el segundo nivel de Unicenter. Espera que terminen de acomodarse sus socios, la francesa Sabine Mulliez y su marido, el argentino Pedro Aguirre Saravia. También, Emiliano Aldabalde y Lucas Lissarrague, dos ejecutivos de su holding, Grupo One.
“La tercera…”, dice, entusiasta. Ya cada uno ya tiene una tijera posada sobre la cinta plateada. Esperan la orden del fotógrafo. “¡Zas!”, exclama festivo Antelo una vez que la reciben y los filos cortan la tela. Él alza el listón con su mano izquierda, como si fuera un trofeo. Sonríe. Está orgulloso. Feliz.
Fue la apertura de Balmohk, una de las tres tiendas que inauguró el viernes en ese shopping. Las otras, de Jack&Jones y Only. Todas, marcas de ropa del danés Bestseller, cuarto grupo de indumentaria del mundo. Antelo está exultante. Traje y corbata azul, camisa blanca, cinturón con la inconfundible hache de Hermés… Elegante, casi de gala, como el acontecimiento lo ameritaba. Celebrities, influencers e invitados recorren el local, con música -en vivo, en algún caso; de DJ en otros- por la ocasión. Antelo, de 72 años, está contento. Saluda gente, levanta su pulgar. Se siente pleno. Lo está. Su rostro irradia satisfacción.
A fin de cuentas, es lo que realiza a un empresario: invertir, generar riqueza, crear trabajo… Imaginar y, sobre todo, hacer cosas. Transformar la realidad. Algo que él, en más de dos décadas, no experimentaba en su país, la Argentina. Durante mucho, muchísimo tiempo, no creyó que volvería a hacerlo. Una sensación opuesta a la decepción que lo tumbó en 2002. Los desquicios que sucedieron a la trágica agonía del sueño de los ’90 -corralito, default, devaluación, pesificación, corralón- lo quebraron. No en lo económico: desde esa caída, construyó, en el exterior, un holding de u$s 3000 millones anuales y 10.000 empleados. El quiebre que sufrió fue en lo moral.
“Yo estaba convencido de que, con Menem, habíamos entrado al Primer Mundo y que eso no tenía marcha atrás”, se confesó en estos días con Eleonora Cole en Aura, el stream de TN. La mayoría de las citas en este texto corresponden a esa entrevista y a charlas previas que, en el último año, el empresario tuvo con este cronista.
Extracto. El contenido pertenece a El Cronista.