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Luego de casi 3 años de Gobierno, el consenso general de los analistas, de todo tipo y color, es que será muy difícil que la economía que propone Javier Milei aporte, en el corto plazo, un escenario mejorado. Las mismas internas del Gobierno sobre que el crecimiento no llega a la gente lo ponen en evidencia. Los números y el contexto, además, se expresan y dan malas noticias: el consumo masivo, el corazón del colapso del modelo, tendrá una caída anual muy fuerte, en torno al 4 por ciento, según confirmaron desde el sector a Página I12, con precios de Alimentos que se dispararon en las últimas dos semanas. Habrá distritos muy relevantes del país y, sobre todo, la zona del AMBA que, en octubre, tendrán una inflación general arriba del 2 por ciento, con alimentos corriendo por sobre el 3 por ciento.
Lo peor de la malaria se verá en la época de las Fiestas. Milei se ha transformado en una especie de Papa Noel triste para el sector del retail. En los últimos tres meses del año se concentra el 40 por ciento de toda la facturación del año de los supermercados y comercios barriales. “Hoy el salvavidas no nos salva, nos hunde”, admiten los ceos del sector. Este escenario pone nervioso al equipo económico libertario, con el ministro Luis Caputo a la cabeza.
Naturalmente, en su lógica de negación de los fenómenos que son producto de su propia política, el Gobierno decidió operar para ocultar los datos. Hay una presión sobre las consultoras que miden el consumo para que contengan la difusión de números o que les busquen la vuelta a las fórmulas de medirlo para disimular el resultado. Otra parte del flujo de datos sensibles que prueban la destrucción del ingreso y, ergo, la caída del consumo, se discontinúan.
Las cadenas de supermercados, todas, tienen históricamente un sistema de información aceitado que le hace llegar a una empresa, GS1, cifras de lo que venden y, sobre todo, lo que se desperdicia porque no se vende y queda cerca de la fecha de vencimiento o, directamente, vencido. En los últimos seis meses, esa información dejó de fluir sin las explicaciones del caso. Los números de la cantidad de mercadería que se tira porque no se vende desapareció de la escena justo cuando el fenómeno venía en franco crecimiento.
Los comercios más grandes están preocupados porque la ecuación de pérdidas por no vender alimentos estaba cubierta, hasta hace unos 8 meses atrás, por las ventas de electrodomésticos y ropa. “Está cayendo”, admiten. Aquí algo interesante: hubo tres cadenas que importaron textiles de marcas conocidas, como H&M o Carters´s, para armar cápsulas de venta dentro de los mismos locales. Eso se hizo de la mano de la idea oficial de que la gente quiere ropa más barata porque los nacionales venden caro. No se está vendiendo ni lo importado. No hay plata. Esos dos rubros, tecno y ropa, suman más problemas para la idea de recomponer ventas en Navidad.
Mientras los comercios de barrio se funden, las grandes superficies no le pasan lejos a esta realidad. Sobrevuelan la crisis de muchas los buitres del mismo sector: los Braun, dueños de la cadena La Anónima, observan de cerca la degradación de la marplatense Toledo para hacer una oferta de compra a precio basura. Toledo remató esta semana hasta los changuitos de compra y las góndolas de los locales que ya cerró.
Extracto. El contenido pertenece a Página/12.



Economía · La Nación

Economía · Página/12