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Las críticas puertas adentro también apuntan a los profetas de las alianzas. “Está muy bien que Santilli se junte con los gobernadores para negociar los votos en el Senado. Se juntó hoy con Orrego (gobernador de San Juan), pero se podría haber juntado con mi tía Marta. Los dos son buenas personas y ninguno de los dos tiene senadores”, espetaban el jueves quienes miran con recelo los acuerdos con los jefes provinciales. En especial porque intuyen un escenario de balotaje en 2027, donde, por deporte, los gobernadores tenderán a la traición. “Una vez cerrada la discusión en octubre por diputados y senadores, en noviembre no van a mover un dedo. Pero es lo normal: lo mismo le hicieron los intendentes peronistas a Kicillof el año pasado”, señalaban.
Ya se han analizado las conveniencias e inconveniencias que tendría para Milei suspender las PASO. Pero las pujas subterráneas revelan un problema adicional: en términos políticos, LLA sufre un drama similar al resto de las fuerzas. Corrido el Presidente de ese barro —concentrado en la agenda económica y en su imagen global—, la política tiene múltiples interlocutores, en muchos casos con mensajes diferentes, que generan contradicciones y dolores de cabeza. La crisis de liderazgo del peronismo y de otras fuerzas como el PRO, que lleva a que buena parte de sus dirigentes no actúen en función de lineamientos verticales, tiene en el oficialismo su propia versión. Aunque con una diferencia sustancial: Milei conserva una centralidad que sus adversarios no tienen, pero eso no garantiza que quienes negocian en su nombre compartan una misma estrategia.
Un senador del oficialismo, en ese sentido, se preguntaba: “¿Quién junta los votos? ¿Bullrich, Karina, Menem, Santilli? En realidad, todos y ninguno”, analizaba. Quienes conocen la dinámica del Senado descartan una intervención de Karina Milei sobre el bloque de la Cámara alta, como se deslizó tiempo atrás. Pero al mismo tiempo tampoco amplifican las versiones sobre los supuestos superpoderes que se le atribuyen a Patricia Bullrich en el arte de convencer aliados.
La dispersión también alcanza al discurso oficial. Por caso, si hubo una discrepancia que llamó la atención esta semana fue la que involucró a los Caputo. Mientras Luis, el ministro, aseguraba a inversores en Bangkok que podría usar el swap de monedas con China si el programa financiero sufría turbulencias, el asesor Santiago declaraba que los autos chinos podrían ser un riesgo para la seguridad nacional por su potencial capacidad de transmitir información sensible desde estas pampas a Beijing o Shángai.
El contrasentido no solo emerge por las facilidades a la importación de automóviles, incluso sin aranceles, que ha dado el Gobierno a las marcas chinas, sino por otro asunto más sensible. En Hacienda recordaban esta semana que la administración de Xi Jinping había amenazado meses atrás con cortar el swap cuando el tuitero convertido en funcionario público Juan Pablo Carreira había responsabilizado al Partido Comunista de China por la tragedia en el Tíbet, donde colapsó una represa con un saldo de miles de fallecidos y desaparecidos. A la dura respuesta de la embajada, que llamó a un “cambio de actitud” y a poner fin a las “especulaciones malintencionadas”, se sumaron gestiones diplomáticas reservadas en las que el swap por unos u$s19.000 millones fue puesto sobre la mesa. Hay carriles que deberían ir de la mano, pero que en LLA marcha por su cuenta.
Una empresa estatal china estaba construyendo una mega-instalación hidroeléctrica junto a un glaciar en la frontera con Nepal y los típicos fallos de la organización estatal de la actividad industrial llevaron al mayor colapso de una construcción civil que se tenga registro.… pic.twitter.com/BQFpYcdv3U — Juan Doe (@jdoedoe101101) August 30, 2026
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